Por las playas de Kona

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Cruzamos la Big Island de lado a lado y llegamos a la ciudad de Kaliua-Kona, un destino turístico que, aún siendo el centro comercial de esta parte de la isla, dista mucho de la masificación de visitantes que encontramos en Honolulu. El autobús para llegar aquí nos costó 2$ por cabeza más 1$ más por las mochilas y en algo más de tres horas cruzó los 120 kilómetros que separan una costa de la otra. Viajar a través del interior de la isla nos demostró, una vez más, la increíble disparidad de paisajes que conviven aquí. Cruzábamos una frondosa selva junto a plantaciones de piña y, de repente, nos encontrábamos en un prado de hierba blanca enmarcado por montañas volcánicas.

hiloa18En Kona nos esperaban Anya y la pequeña Niva, nuestras huéspedes de Couchsurfing. Anya había crecido en Nueva Jersey y siempre había sentido el impulso de explorar mundo: había recorrido los Estados Unidos de punta a punta y viajando por Asia había encontrado el amor. En Nepal se casó con un músico punk y tuvieron su primera hija. Durante su época en Kathmandú creó Sattya, una asociación cultural que tiene como objetivo dinamizar la vida artística de la ciudad y que ha hecho intervenciones muy interesantes. Pero decidió volver sola a América para tener a su segunda hija y después de Nepal, buscaba algo distinto. Eligió Hawái y junto a su niña de solo dos meses estrenaba una etapa a la espera de la resolución de los trámites burocráticos que le permitan reunirse con su marido y su hija mayor.

Había llegado a la isla hacía algo más de medio año, pero entre el nacimiento de la chiquilla, la búsqueda de trabajo y de casa no había tenido muchas oportunidades de explorar el lugar. Aún así, gracias a sus amigos locales había encontrado algunos rincones que compartió con nosotros.

Día de playa

Preparamos toallas, bañador, sillitas de playa, sombrillas y bocatas y lo cargamos todo en el coche. La primera parada fue Kua Bay, un paraje de arena blanca y aguas azules muy frecuentado por locales y al que se accede fácilmente desde la carretera 19. Nuestro paso por Hanauma Bay nos enseñó que el sol en Hawái puede ser muy intenso y que hay que ser constante con la crema solar. Decididos a no terminar rojos como una gamba, nos embadurnamos a conciencia e intentamos mantenernos cobijados bajo la sombrilla. Pero aún así nos quemamos y la única expliación que se nos ocurre es que aquí el sol traviesa hasta las sombrillas. ¡Id con cuidado!

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A media tarde nos trasladamos de playa y, previa parada al supermercado, fuimos a cenar a la Kohanaiki Beach Park, también conocida como Pine Tree. Para llegar a ella hay que hacerlo a través de las instalaciones de un gran resort turístico que han construido en primera línea de mar. A pesar de esto sigue siendo un bonito lugar y una de las mejores playas para ir con niños ya que hay algunas piscinas naturales donde el oleaje es muy suave.

Anya había quedado aquí con algunas amigas que charlaban en la orilla mientras sus hijos y maridos surfeaban las últimas olas del día. Nos sorprendió mucho comprobar lo jóvenes que se inician aquí en el surf. Niños que andaban a tientas y con pañales y que ya tenían su propia tabla.

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Para cenar probamos el poke, un plato típico de la gastronomía hawaiana que combina algunos sabores de la cocina japonesa como el wasabi, con el pescado crudo aliñado con guindilla propio de la cocina polinesia.

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Disfrutando de esta comida y de la compañía contemplamos una preciosa puesta de sol que puso el punto final a nuestro día de playa en Kona.

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