Imprescindibles de Washington

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Dejamos atrás Hawái y volamos hasta Washington, la capital de los Estados Unidos. La ciudad, inaugurada en 1790, fue planificada por el urbanista francés Pierre L’Enfant que la diseñó específicamente para convertirse en la sede del gobierno norteamericano. No escatimó en entornos monumentales, buscó el máximo efectismo con la ubicación de los edificios más representativos y tejió una red de grandes avenidas a la altura de esta magnífica puesta en escena del poder.

A pesar de esto os reconocemos que llegábamos aquí algo preocupados. Si algo nos han enseñado los blockbusters de Hollywood es que visitando esta ciudad, sin duda, nos exponíamos a grandes peligros. De sobras es sabido por todo el mundo que cualquier invasión alienígena, terrorista o amenaza cósmica que se precie empieza su camino destructor por aquí, por el corazón de los EUA. Y si en su intento puede reventar de forma espectacular alguno de sus edificios emblemáticos, mejor que mejor.

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Fotogramas de “White House Down” e “Independence Day“, dos películas del rey del cine de catástrofes, Roland Emmerich

¿Qué visitar en Washington?

Teníamos poco más de dos días para visitar la ciudad, así que nos diseñamos una ruta para exprimir al máximo cada una de las jornada. El primer día visitaríamos los imprescindibles y nos dejaríamos para el siguiente todas las visitas que pudieran hacerse bajo techo porque se preveía lluvia. Tuvimos suerte con nuestros huéspedes de Couchsurfing porque su casa se encontraba en el barrio de Capitol Hill, el mismo distrito donde se concentran los monumentos más reconocidos.

The National Mall: El Capitolio y el obelisco

Por la mañana, nada más salir de casa, nos encaminamos hacia el National Mall, la explanada que se extiende entre el edificio del Capitolio y el obelisco a George Washington, y que será el punto de partida de cualquier visita a a la ciudad. Alrededor del Mall encontramos los museos smithsonianos, las galerías de arte y los memoriales.

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Vista del National Mall desde la cima del Monumento a George Washington con los museos a lado y lado

El primero de los imprescindibles de Washington que encontramos es el Capitolio, el edificio que acoge el congreso y el senado de los Estados Unidos. Un espléndido ejemplo del neoclasicismo americano, inaugurado en 1800 aunque tardó algo más en hacerse con la cúpula y la silueta que conocemos hoy en día. La verdad es que nos impresionó menos de los esperado, al contemplar este símbolo del poder estadounidense, esperábamos oler impregnado en el aire el aroma de la libertad americana, esperábamos F-16 sobrevolando el cielo dejando una estela con las barras y estrellas o, quizás, Tio Sam señalándonos con su dedo a lomos de una majestuosa águila americana. La realidad fue algo más sosa y es que con esas palmeras en la fachada y esa fuente dorada, el edificio tenía más aspecto de casino de lujo que de “hogar de la libertad”.

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El Capitolio

Paseamos por el National Mall hasta llegar a los pies del monumento dedicado a George Washington, un obelisco de mármol y granito de casi 170 metros. En principio esta columna debía formar parte de una estructura más grande y ser el sustento de una gran cúpula, pero afortunadamente alguien se dio cuenta que “menos es más” y decidieron dejarlo en un simple y elegante obelisco. Washington fue el primer presidente de los estados Unidos y un gran héroe de la Guerra de Independencia. Dicen que le daba vergüenza referirse a la capital con su propio nombre y que, por eso, siempre se referió a ella como “Ciudad Federal”.

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Monumento a George Washington

Es posible visitar este monumento y subir hasta la cima -en ascensor y a pie-, pero para hacerlo tenéis que haceros con una de las entradas que se reparten cada día en una oficina que encontraréis justo en frente. Os recomendamos que las recojáis pronto por la mañana, porque suelen agotarse a partir de las 11.

La casa del presidente

Cuando llegamos a la altura de la calle 17 nos desviamos del Mall y fuimos en busca de la Casa Blanca, la residencia del presidente de los Estados Unidos, y que se encuentra a pocos metros de aquí, en la avenida Pennsylvania número 1600. Fue inaugurada como casa y principal oficina presidencial en 1800 por, el segundo presidente de los Estados Unidos, el señor John Adams.

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Los jardines de la Casa Blanca

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La fachada de la Casa Blanca de la avenida Pennsylvania

Es habitual encontrar individuos o colectivos protestando ante este lugar. Los hay que atacan la política de turno del gobierno, otros que luchan por los derechos de ciertos colectivos, pero también hay los que denuncian inverosímiles conspiraciones que amenazan la estabilidad mundial. Entre todos estos hay una persona que destaca por méritos propios. Ella es Concepción Martín, una gallega que lleva más de 30 años acampada delante de la Casa Blanca. El 1600 de la avenida Pennsylvania también es su dirección, con la diferencia de que ella vive en una austera tienda de campaña en la acera de enfrente. Aunque el detonante de su protesta fue una tormentosa situación familiar, con los años se ha convertido en un símbolo de la protesta pacífica antigubernamental.

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Los memoriales

De regreso al National Mall y dejando atrás el obelisco, continuamos nuestro paseo hasta alcanzar la zona de los memoriales, una serie de construcciones que conmemoran algunos de los momentos más duros de la historia americana y a algunos de sus más ilustres personajes. El primero que encontramos es el Memorial de la Segunda Guerra Mundial.

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Ante un mural lleno de estrellas, una por cada soldado americano que cayó en la Segunda Gran Guerra leemos esta frase: “Here we mark the price of freedom”. El monumento está dividido en dos mitades paralelas, una conmemora las batallas libradas en Europa y la otra la contienda del Pacífico.

Seguimos bordeando la piscina reflectante, la misma que cruza Jenny en la película de Forrest Gump, hasta llegar al Memorial a Abraham Lincoln, otro de los grandes iconos de la ciudad que todos recordaremos por ser el lugar al que iba a reflexionar Lisa Simpson antes de su concurso de redacción.

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Desde aquí hay las mejores perspectivas para echarse una foto con el obelisco

El Memorial Abraham Lincoln es un edificio neoclásico que imita un templo griego dórico y en 1966 fue el escenario donde Martin Luther King pronunció su mítico discurso de “I have a dream“.

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En su interior encontramos la imponente estatua sentada del decimosexto presidente de los Estados Unidos, flanqueado por algunos de sus discursos más conocidos.

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Alrededor de este se extienden una gran cantidad de memoriales como el Memorial de la guerra de Vietnam

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… el Memorial a Martin Luther King…

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o el Memorial a Theodore Delano Roosvelt.

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Un poco más apartado,  en el parque de West Potomac, está el Memorial a Thomas Jefferson, dedicado a uno de los Padres Fundadores de la nación y tercer presidente del país. En el episodio de Lisa y la redacción, cuando esta se dirigió al memorial a Lincoln lo encontró demasiado lleno de gente y se vino hacia aquí, donde Jefferson se le quejó amargamente por no recibir tantas visitas como su amigo Abraham.

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Jefferson es recordado por ser el principal autor de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de 1776 y por la compra de Luisiana.

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Al otro lado del río Potomac

Con visitar todo esto ya podríais llenaros un día completo, pero como nosotros no disponíamos de mucho más tiempo, decidimos acercarnos al cementerio de Arlington, al otro lado del río Potomac y ya fuera del Distrito Federal de Columbia, en el Estado de Virginia. Se trata de un cementerio militar con veteranos desde la Guerra de Independencia a las guerras de Irak y Afganistán.

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Impresiona ser consciente que cada una de las lápidas que cubren las verdes colinas es una vida segada antes de tiempo por algo tan difícil de justificar como una guerra.

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Pierre l’Enfant, el urbanista que diseñó Washington, está enterrado aquí, pero los residentes permanentes más famosos de Arlington son el expresidente John Fitzgerald Kennedy y su mujer Jackie Kennedy.

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Os recomendamos que visitéis también la Tumba del soldado desconocido que simboliza el lugar de reposo de todos aquellos soldados que han muerto sirviendo a su país y cuyos cuerpos no han podido recibir una sepultura adecuada o no han sido identificados. Las 24 horas del día y los 365 días del año hay aquí un soldado montando guardia y si tenéis la oportunidad, no os perdáis el cambio de guardia.

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Para acabar el día dimos un último paseo y nos acercamos al cercano Memorial de guerra del cuerpo de marines de los EUA. La estatua representa una de esas escenas históricas más icónicas, el alzamiento de la bandera de las barras y estrellas en la isla japonesa de Iwo Jima, una mítica instantánea tomada por el fotógrafo Joe Rosenthal de Associated Press. Aunque represente a los marines en la Segunda Guerra Mundial está dedicado a todos aquellos que han perdido la vida sirviendo a su país desde 1775.

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Y con esto pusimos el punto y final a un día de visitas muy intenso y os recomendamos que no lo hagáis tan rápido como nosotros y que os lo toméis con más calma. Si la entrada se os ha hecho larga no os imagináis lo largo que se le hizo el día a Alexandra. Para que os hagáis una idea, esta es la mirada de enfado que me dedicó mientras la arrastraba a visitar un último monumento y otro último monumento y unos más y luego otro…

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¡Continuamos con los museos Washington en nuestra siguiente entrada!

 

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La muerte del capitán Cook

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Fue el 17 de enero de 1779 cuando los habitantes de la Big Island divisaron las velas de los barcos del capitán Cook acercándose a la bahía de Kealakekua. Ese mes los nativos celebraban el Makahiki, una festividad en honor a Lono, el dios de la agricultura y la prosperidad. Nunca antes habían visto nada como esas embarcaciones que, sin duda, les parecieron llegadas de otro mundo. ¿Quizás el dios Lono había decidido personarse a su propia fiesta? Algunos botes zarparon de los grandes barcos encaminándose hacia la costa, así que los lugareños salieron a su encuentro y les esperaron en la playa de Napo’opo’o para darles la mejor de las bienvenidas. Al fin y al cabo un dios venido a la tierra se merecía el mejor trato que pudieran dispensarle. Sigue leyendo

Por las playas de Kona

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Cruzamos la Big Island de lado a lado y llegamos a la ciudad de Kaliua-Kona, un destino turístico que, aún siendo el centro comercial de esta parte de la isla, dista mucho de la masificación de visitantes que encontramos en Honolulu. El autobús para llegar aquí nos costó 2$ por cabeza más 1$ más por las mochilas y en algo más de tres horas cruzó los 120 kilómetros que separan una costa de la otra. Viajar a través del interior de la isla nos demostró, una vez más, la increíble disparidad de paisajes que conviven aquí. Cruzábamos una frondosa selva junto a plantaciones de piña y, de repente, nos encontrábamos en un prado de hierba blanca enmarcado por montañas volcánicas. Sigue leyendo

Las Akaka Falls y nos vamos a Kona

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El día amaneció con el cielo totalmente cubierto de nubes grises. Estaba claro que nos llovería, pero, siendo positivos, al menos nos habíamos ahorrado la tormenta tropical Isabelle que había golpeado la Big Island apenas unos días antes. A las 10 de la mañana teníamos que devolver el coche que habíamos alquilado, pero antes queríamos aprovechar para visitar las impresionantes Akaka Falls, unas cataratas que se encuentran a poco más de 20 minutos de Hilo y que miden más de 130 metros de altura. Para que tengáis una referencia: las cataratas del Niágara “solo” miden 51 metros. Sigue leyendo

Playas de colores y un volcán humeante

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Green Sand Beach

Continuamos nuestro primer día de visita a la Big Island desandando el camino a Hilo para llegar a la Green Sand Beach. El nombre original de esta playa es Papakolea Beach, pero el tono verdoso de su arena le han valido un sobrenombre tan llamativo que la ha convertido en uno de los puntos más visitados de esta costa.  De hecho, solo hay 4 playas en el mundo que ostenten el título de “Playa de arena verde”. El origen del color no es ningún misterio: se trata de una alta concentración de un mineral de origen volcánico llamado olivina  y que abunda mucho en la isla. Para llegar hay que dejar el coche en un aparcamiento que está unos 3 kilómetros. Si la caminata os da mucha pereza, podéis pagarle 10$ a alguno de los atentos lugareños que os llevarán en sus 4×4. Si no vais con el vehículo adecuado, ni se os ocurra meteros por este camino o acabaréis clavados en el primer socavón. Si queréis hacer el paseo a pie pensad en llevar agua y calzaros bien que las piedras volcánicas son traicioneras y pueden estar afiladas. Sigue leyendo

De Hilo a South Point

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Nuestra llegada a la isla de Hawái, llamada habitualmente Big Island para no confundirla con el nombre del archipiélago, no fue tan plácida como nos imaginábamos después de nuestro reposado paso por las playas de Honolulu. Ya sabíamos que en esta isla moverse con transporte público es bastante complicado, porque las líneas de autobús no son muy frecuentes, pero lo que no sabíamos era que el uno de julio era festivo y que, por lo tanto, el bus que nos podría llevar hasta el Hawai’i Volcanoes National Park no funcionaría ese día. La única opción era alquilar un coche, lo que convertiría el día en una doble aventura ya que sería la primera vez que Guillem circulaba con un coche tras sacarse el carnet. Habíamos conducido un pequeño camión por el rancho de Merritt, pero ahí el único peligro era chocar contra un árbol o toparse de frente con una manda de búfalos. ¡Y vaya si se estreno esta vez! Casi 270 kilómetros en una jornada, desde primera hora de la mañana hasta entrada la noche y bajo una densa lluvia. Sigue leyendo

Dormir en… Seaside Hawaiian Hostel

Una muy buena opción para hospedarse si visitáis Honolulu es el hostal Seaside Hawaiian. Su ubicación es inmejorable porque se encuentra a 5 minutos andando de la playa Waikiki, pero en una calle lejos del bullicio de la zona más transitada por los turistas. Está en la avenida Seaside, cerca de la esquina con Kuhio Avenue, calle en la que encontraréis muchas opciones para comer y a un precio bastante razonable teniendo en cuenta que nos encontramos en una zona muy turística.

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La entrada del hostal está vigilada por cámaras de seguridad y solo se permite el acceso a sus huéspedes

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Último día en Honolulu: Playa y hula-hula

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Para nuestra última noche en Honolulu nos dimos el capricho de cogernos una buena habitación de hotel. Somos muy conscientes de que el presupuesto hay que administrarlo con mucho cuidado y estirarlo tanto como se pueda, pero hay ocasiones que se lo merecen. Cuando estábamos acampados en Kelowna fantaseábamos con un buen colchón y unas sábanas finas y acordamos que en Honolulu nos permitiríamos el lujo de pasar una noche de hotel. Nos quedamos en el Aqua Palms Waikiki, justo en frente del Hotel Hilton y a pocos metros del mar. Evidentemente, buscamos algo a buen precio y lo mejor que encontramos fue una habitación doble por 159$ ¡un auténtico derroche de lujo en un viaje como el nuestro! Este día nos lo tomamos con mucha calma, el único plan que teníamos era ir un rato a la playa y por la tarde ver un espectáculo de danza hula. Sigue leyendo

Pearl Harbor, un templo japonés y un Kamehameha

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La segunda jornada en Honolulu empezó muy pronto, antes de la salida del sol. A las 6 de la mañana nos sonó el despertador y con el tiempo justo de sacarnos las legañas nos plantamos en la playa Waikiki para ver la salida del sol y darnos un baño. No fue un amanecer especialmente vistoso porque en agosto el sol se alza por detrás del Diamond Head, pero aún así, no éramos, ni mucho menos, los únicos del lugar: algunos turistas madrugadores -y algún que otro  trasnochador- aguardaban la salida del sol mientras contemplaban a los motivados runners mañaneros y a la decena de surferos que, a unos 50 metros de la costa, esperaban el comienzo del día tumbados sobre sus tablas. Nos sorprendimos al encontrar un par de mochileros durmiendo a pierna suelta acurrucados entre bultos y hamacas de playa ante la indiferencia general. Sigue leyendo

Honolulu: Del cráter a la bahía

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Desde que pusimos los pies en la isla que no dejó de sonarnos en la cabeza la canción de Hawaii 5.0.  La verdad es que por películas y series como esta todos nos hemos formado una imagen bastante ideal de estas islas. Y aunque hacía poco habíamos visto la muy recomendable Los Descendientes, de Alexander Payne, donde George Clooney deja claro que Hawaii no es el paraíso y que no todo son Mai Tais y bailes, nuestro imaginario respecto a la isla se aproximaba más a lo visto en Lilo&Stitch. Esta película nos enseñó algo muy importante del idioma hawaiano: Ohana significa familia. Con este poblado imaginario sobre la isla, nos preguntábamos ¿Cuánto tardaríamos en cruzarnos con un lugareño obeso tocando un ukelele ataviado con la más chillona de sus camisas de flores mientras su mujercita baila una danza hula meciendo su falda de palmera? ¿O quizás antes nos encontraríamos con ese grupo de jóvenes surfistas soñadores, todos rubios y guapos, que quieren comerse el mundo a lomos de una ola? Sigue leyendo